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Rentas vitalicias: qué compras realmente

Publicado el 5/6/2025 · 16 min de lectura · Calculadoras financieras

Camille Laurent

Camille LaurentRedactora de Finanzas en OneKitly

Fiscalidad · Finanzas personales

Verificado con 6 fuentes

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En resumen

Una renta vitalicia inmediata convierte un capital en renta de por vida, así que su precio es un valor actual calculado sobre un plazo ponderado por probabilidades y no sobre uno fijo. Suma, en cada año futuro, el pago por la probabilidad de estar vivo para cobrarlo por el factor de descuento. Sobre una mortalidad ilustrativa declarada — una ley de Gompertz con moda 90 y dispersión 10, que da una esperanza de vida de 21,75 años a los 65 — y un 4 % de interés, una renta vitalicia de 10 000 € al año a los 65 se valora en 133 470 €, de modo que 100 000 € compran unos 7 492 € anuales, un tipo de renta del 7,49 %. Eso supera a cualquier tasa de retirada sostenible por dos razones distintas que conviene separar. Autofinanciar la misma renta hasta los 95 con un plan fijo de 30 años permite un 5,78 %: el paso del 4,00 % al 5,78 % es solo devolución de capital. El salto siguiente hasta el 7,49 % — 1,71 puntos — es el crédito de mortalidad, la redistribución de quienes mueren pronto hacia quienes viven, y es la única parte sin sustituto en una cartera gestionada por uno mismo. Es modesto a los 65 y crece con fuerza con la edad. Los costes son reales: irreversibilidad, inflación sobre un pago fijo y riesgo de crédito de la aseguradora.

El precio de una renta es un valor actual sobre un plazo ponderado por probabilidades. Sobre una mortalidad declarada al 4 %, 100 000 € a los 65 compran 7 492 € al año — 4,00 puntos de interés, 1,78 de capital devuelto y 1,71 de crédito de mortalidad.

La única idea: un valor actual sobre un plazo que no conoces

Una renta de plazo fijo se valora sin esfuerzo: se descuentan n pagos conocidos y se suman. Una renta vitalicia no tiene n. Lo que lo sustituye es una probabilidad. El valor actual actuarial de una renta vitalicia de C al año, pagadera a término vencido desde la edad x, es la suma sobre cada año futuro t de C × (la probabilidad de sobrevivir t años) × (el factor de descuento a t años). Escrito así, es la suma de valor actual corriente de nuestro artículo hermano con un factor extra dentro de cada término. Ese único factor es todo el asunto: es lo que hace el precio finito aunque el plazo no lo sea, y es lo que la aseguradora, y no tú, cobra por soportar.

Las cifras de este artículo se apoyan en un supuesto de mortalidad declarado, sencillo y deliberadamente transparente para que puedas reproducir cada resultado: una ley de Gompertz en la que la fuerza de mortalidad a la edad a vale (1 ÷ 10) × e^((a − 90) ÷ 10). Da una esperanza de vida de 21,75 años a los 65, una probabilidad del 13,15 % de fallecer en diez años y del 20,87 % de llegar a los 95. Es una ilustración plausible, no la tabla de una aseguradora real — la tarificación real usa una tabla propia de la población de rentistas, más longeva que la general, porque quien compra renta vitalicia suele esperar necesitarla. El interés es del 4 % y los pagos son anuales, a término vencido. Cambia cualquiera de esas entradas y todas las cifras de abajo se mueven.

La suma, término a término

La tabla anterior hace el cálculo para una renta de 10 000 € al año contratada a los 65. El año uno vale 10 000 € × 0,9914 × 0,9615 = 9 533 €. El año diez vale 10 000 € × 0,8685 × 0,6756 = 5 867 € — el factor de supervivencia y el de descuento lo van comiendo. El año treinta, a los 95, vale 644 €: sigue siendo un pago real, pero probable al 20,87 % y descontado por un factor de 3,24. Suma todos los años y el total sale 133 470 €. Inviértelo y 100 000 € compran 10 000 € × (100 000 € ÷ 133 470 €) = 7 492 € al año, un tipo de renta del 7,49 %.

Dos rasgos de esa suma merecen atención, porque sorprenden en sentidos opuestos. Los veinte primeros años pesan 116 858 € de 133 470 €, el 87,6 % del precio. Todo lo posterior a los 95 pesa 2 066 €, el 1,5 %. Es decir, la cola de la vejez extrema, la que asusta, es casi gratis en valor actual. Y sin embargo es justo esa cola barata la que una cartera gestionada por uno mismo no sabe absorber, porque no se gasta una esperanza: o llegas a los 100 o no, y si llegas, un plan construido sobre una esperanza de vida de 21,75 años lleva años vacío. Ese desajuste — barato de asegurar, ruinoso de autoasegurar — es la razón económica de que exista la renta vitalicia.

Por qué el tipo de renta supera a cualquier tasa de retirada prudente — y qué parte es de verdad el crédito de mortalidad

Un tipo de renta del 7,49 % junto a una regla de retirada en torno al 4 % parece un almuerzo gratis, y se presenta habitualmente como si el crédito de mortalidad explicara toda la brecha. No la explica, y la descomposición importa. Toma la misma rentabilidad del 4 % y valora tres cosas distintas. Vivir solo de los intereses dejando el capital intacto permite un 4,00 %. Consumir deliberadamente el capital hasta cero en treinta años fijos, hasta los 95, permite un 5,78 % — ese escalón, 1,78 puntos, no es más que devolución de capital, y cualquier plan de plazo fijo lo consigue sin aseguradora. La renta vitalicia permite un 7,49 %. Los 1,71 puntos restantes son el crédito de mortalidad.

Así que el crédito de mortalidad a los 65 es real pero modesto — alrededor de una quinta parte del tipo anunciado, y menos que el escalón de devolución de capital con el que suele confundirse. Es además la única de las tres piezas que no se puede replicar. Los intereses sabes ganarlos; consumir tu propio capital sabes hacerlo; pero no puedes recibir los saldos de desconocidos fallecidos, ni planificar con prudencia agotarte en una fecha que ignoras. Eso es lo que aporta la mutualización: la aseguradora paga a los supervivientes con un fondo que conserva los saldos de quienes murieron, de modo que el grupo superviviente rinde más que el propio fondo, y nadie tiene que adivinar su fecha.

El crédito de mortalidad, cifrado — pequeño a los 65, grande a los 85

La forma más limpia de ver ese crédito como un tipo es preguntar qué rentabilidad adicional obtiene un superviviente del fondo común en un año. Si la probabilidad de muerte a un año vale q, los supervivientes se reparten los saldos de los fallecidos, de modo que la cuenta de cada uno crece un factor adicional de aproximadamente q ÷ (1 − q). Bajo nuestro supuesto, q vale 0,0086 a los 65, o sea un 0,87 % más al año: una ventaja real, pero no espectacular. A los 75 vale un 2,37 %, a los 80 un 3,94 % y a los 85 un 6,59 % — a esa altura el solo crédito de mortalidad supera cualquier rentabilidad de inversión plausible.

Esa pendiente es la enseñanza práctica, y explica que los tipos de renta suban tan rápido con la edad: 6,67 % a los 60, 7,49 % a los 65, 8,64 % a los 70, 10,27 % a los 75, 12,66 % a los 80. Dos fuerzas empujan en el mismo sentido — un plazo esperado más corto y un crédito de mortalidad mayor — de modo que el mismo capital compra una renta mucho mayor más tarde. En contra, comprar más tarde obliga a financiar tú mismo los años intermedios, justo con el capital que habrías convertido, y a soportar el riesgo de que los tipos bajen mientras tanto. No hay respuesta general a la cuestión del momento; solo hay la aritmética aplicada a tu edad, tu capital y el tipo disponible ese día.

Los costes reales, uno: la irreversibilidad y el tipo que fijas

Una renta vitalicia inmediata es normalmente irreversible. Una vez pagada la prima, el capital ha desaparecido: no queda nada que retirar para un tejado, una residencia o una urgencia, y en la mayoría de los diseños nada que dejar. No es un defecto — es el precio del crédito de mortalidad, que solo existe porque el fondo conserva lo que los fallecidos no retiraron. Pero significa que la decisión nunca debe recaer sobre un capital que puedas necesitar como capital, y aboga por convertir una parte de la cartera antes que toda ella.

El tipo de interés queda fijado del mismo modo, el día de la contratación, para el resto de tu vida. Bajo nuestros supuestos, quien contrata a los 65 obtiene un 6,03 % si el tipo de tarificación vale un 2 %, un 6,75 % al 3 %, un 7,49 % al 4 % y un 8,27 % al 5 % — tres puntos de diferencia de tipos mueven la renta más de un tercio. Contratar en un momento de tipos largos bajos fija por tanto una renta baja de forma permanente, y no hay reequilibrio posterior posible. Fraccionar la compra en varias fechas es la defensa habitual, y no cuesta nada salvo la espera.

Los costes reales, dos: la inflación se come un pago fijo

Una renta de pago fijo abona el mismo importe nominal de por vida, y la vida es larga. Con una inflación del 2,5 %, el poder adquisitivo cae al 78,1 % a los diez años, al 61,0 % a los veinte y al 47,7 % a los treinta. En dinero: un pago de 10 000 € vale 7 812 € a los diez años, 6 103 € a los veinte y 4 767 € a los treinta. Con una inflación del 2 % la cifra a veinte años es de 6 730 €; con un 3 %, de 5 537 €. Esa erosión ocurre en silencio, justo a las edades en que los gastos sanitarios y de dependencia tienden a crecer, que es el peor emparejamiento posible.

El remedio es una renta creciente, y su coste se ve de inmediato. Revalorando los mismos 100 000 € a los 65 con pagos que suben un 3 % anual, la renta inicial baja a 5 494 € en vez de 7 492 € — un 27 % menos desde el primer día. El pago creciente supera al fijo en el año 12 y es mayor a partir de ahí, así que el intercambio es renta real ahora contra renta real después, decidido casi por completo por cuánto vivas. Cuando se ofrezca una versión ligada a la inflación, lee con cuidado qué índice sigue y si la subida está limitada, porque una revalorización con tope deja de protegerte justo cuando la protección importa.

Los costes reales, tres: la certeza se compra bajando el pago

Toda cláusula que reduce el riesgo de un mal desenlace encarece el contrato para la aseguradora, así que el pago baja. Una renta conjunta de última supervivencia sobre dos personas de 65 años, pagada hasta el segundo fallecimiento, se tarifica al 6,32 % bajo nuestros supuestos en vez del 7,49 — un pago un 15,6 % menor por un plazo esperado bastante más largo. Un periodo garantizado de diez años, que paga a tus herederos si mueres pronto, cuesta mucho menos: un 7,23 %, apenas un 3,4 % por debajo de la versión simple, porque la probabilidad de fallecer en diez años a los 65 es solo del 13,15 %. Esa asimetría conviene conocerla: un periodo garantizado es una tranquilidad barata, la cobertura conjunta es un cambio sustancial de contrato.

El último coste es el que ninguna fórmula tarifica: la aseguradora tiene que seguir ahí en el año treinta. Una renta es una promesa no garantizada a muy largo plazo, así que la contraparte importa tanto como el tipo de renta, y un pago algo mayor procedente de un balance más débil no es obviamente mejor negocio. Los mecanismos de protección difieren enormemente — algunos países operan un fondo de garantía legal para contratos de seguro con un techo definido, otros se apoyan más bien en poderes de traspaso de cartera, y la cobertura aplicable depende de dónde se suscribe el contrato, no de dónde vives. Pregunta bajo qué régimen de supervisión cae el contrato y qué ocurre en caso de insolvencia, y reparte importes grandes entre varias entidades si la respuesta te deja incómodo.

Valorar una renta vitalicia de 10 000 € al año a los 65: pago × probabilidad de supervivencia × factor de descuento, sumados
AñoEdadProbabilidad de estar vivoFactor de descuento al 4 %Valor actual esperado de ese añoAcumulado
1660,99140,96159 533 €9 533 €
5700,94810,82197 793 €43 253 €
10750,86850,67565 867 €76 340 €
15800,75140,55534 172 €100 503 €
20850,59190,45642 701 €116 858 €
25900,39940,37511 498 €126 632 €
30950,20870,3083644 €131 404 €
351000,07160,2534182 €133 085 €
Todos los años133 470 €
Calculadora de anualidad inmediataEl pago que agota exactamente un capital durante un plazo elegido: PMT = P·r / [1 − (1+r)⁻ⁿ]. Mensual, trimestral o anual, pago al final o al inicio del período, con el cuadro de saldo año a año y el reparto entre capital devuelto e intereses cobrados.Probar la herramienta

Preguntas frecuentes

¿Qué pasa con mi dinero si fallezco el segundo año?
En una renta vitalicia simple sobre una cabeza, los pagos cesan y el capital restante se queda en el fondo común — es lo que financia el crédito de mortalidad que cobran todos los vivos. Ese es el trato, dicho sin rodeos: te aseguras contra vivir demasiado, y la prima de ese seguro es lo que ocurre si no lo haces. Si dejar algo te importa, un periodo garantizado o una opción de protección del capital lo cambia, y el precio se ve: bajo nuestros supuestos, una garantía de diez años cuesta un 3,4 % del pago, mientras que una renta conjunta que cubre una segunda vida cuesta un 15,6 %. Decide qué riesgo quieres asegurar de verdad antes de comparar ofertas, porque estos productos no son intercambiables.
¿Las cifras de este artículo son un presupuesto?
No, y no deben leerse así. Cada cifra de aquí procede de una ley de mortalidad ilustrativa transparente y de un supuesto de interés del 4 %, elegidos para que la aritmética sea reproducible, no porque correspondan a la tarificación de ninguna entidad. Un presupuesto real refleja la tabla de rentistas propia de la aseguradora, su cartera de inversión, sus recargos de gastos y de capital, tu edad al mes, a veces tu estado de salud y tu condición de fumador, y el mercado del día. Las condiciones mejoradas por una patología diagnosticada pueden diferir bastante de las estándar. Usa el cálculo para entender qué determina el precio y qué preguntas hacer; consigue la cifra en sí de las entidades, por escrito y sobre las mismas especificaciones.
¿Es mejor esperar y contratar a los 75 en vez de a los 65?
El tipo de renta es mucho más alto después — un 10,27 % a los 75 frente a un 7,49 % a los 65 bajo nuestros supuestos — pero eso no equivale a salir ganando. Esperar significa financiar diez años de renta con el capital que ibas a convertir, así que queda menos que convertir cuando llegas, y cargas tú mismo con el riesgo de inversión y de tipos de esa década. Esperar significa además pasar diez años sin el crédito de mortalidad, que es lo único que no puedes fabricar. Los argumentos genuinos para esperar son la flexibilidad y la posibilidad de acceder a condiciones mejoradas por motivos de salud; el argumento genuino en contra es que el riesgo que aseguras está presente todo ese tiempo. Calcula ambos caminos con tus propias cifras en vez de elegir por el tipo anunciado.
¿Por qué el total esperado de los pagos supera lo que pagué?
Porque los dos números viven en fechas distintas. Bajo nuestros supuestos, quien contrata a los 65 espera 21,75 años de 10 000 €, o sea 217 500 € de pagos nominales por un precio de 133 470 €. Eso no es un beneficio: un euro recibido el año veinte vale 0,4564 euros de hoy al 4 %, y es justamente descontar todo el flujo lo que lleva 217 500 € a 133 470 €. Comparar toda una vida de cobros sin descontar con un pago único hecho hoy es el mismo error que comparar treinta años de cuotas con el capital prestado. Para una comparación honesta, descuenta ambos lados, o pregunta más bien cuántos años hacen falta para recuperar el capital en nominal — aquí 13,3 años — y trátalo como un punto muerto, no como una rentabilidad.
¿Debo convertirlo todo en renta?
Nada en este artículo puede responder eso por ti, y quien lo responda sin conocer tus otros ingresos, tu salud, tus cargas y las normas de tu país está adivinando. Lo que sí dice la aritmética es estructural. La renta vitalicia es el único instrumento que elimina el riesgo de sobrevivir a tu capital, y destaca en eso gracias al crédito de mortalidad; también es irreversible, está expuesta a la inflación con un pago fijo y depende de una sola contraparte. Esas propiedades abogan por cubrir el gasto esencial e innegociable con renta garantizada — pensiones públicas, planes de prestación definida y quizá una renta vitalicia — manteniendo capital líquido para todo lo discrecional o imprevisible. Eso es una estructura, no una recomendación, y la decisión en sí requiere asesoramiento regulado.

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Este artículo es explicativo. Expone cómo funciona un cálculo y qué cambia el resultado; no es asesoramiento financiero, de inversión ni fiscal, no tiene en cuenta tus ingresos, tu fiscalidad, tu salud ni tus otros compromisos, y no puede decirte qué hacer. Los convenios de cálculo de intereses, la fiscalidad de los dividendos, la regulación de las rentas vitalicias y la protección del asegurado varían mucho de un país y de un contrato a otro — ninguna cifra de aquí es un presupuesto ni una oferta. Lee tu propia documentación y consulta a un asesor regulado antes de comprometer dinero.

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